Verano del 2017: los flamencos rosas en todas sus representaciones invadieron nuestros armarios, como parte de objetos decorativos y en algún que otro artículo más. ¿Somos conscientes de que esa prenda que compramos con tanta ilusión se quedará en el armario, cual marmota hibernando en su madriguera, para posiblemente no salir nunca más de él? Tan solo queda esperar a que nos veamos arrastrados a la siguiente moda efímera. ¿Qué será esta vez, paraguas, salvavidas, huevos fritos…?

No se trata de demonizar o de ir por completo en contra de estos artículos, pues hay que dejar que la moda sea moda y que esta evolucione hasta la siguiente temporada. Sin embargo, a menudo hay quien se obsesiona y no puede salir a la calle si no luce el motivo decorativo de última y rabiosa tendencia. Al adquirir una prenda, hay que preguntarse hasta qué punto no es absurdo comprar un artículo para una sola temporada, y tratar de imaginarnos cuál será la “vida útil” de esta prenda.

Por desgracia la moda “low cost” que abanderan todas estas marcas facilonas que sacan nueva colección cada quince días nos ponen contantemente a prueba, convirtiendo a los consumidores en sus principales aliados al caer constantemente en la moda compulsiva, nutrida de productos de baja calidad y bajo coste. No nos olvidemos de que prácticamente todos los fabricantes, si no todos, confeccionan las prendas en países de Asia u otras zonas donde pagan a esos trabajadores, a menudo menores de edad, unos salarios indecentes y hacen ojos ciegos a las condiciones infrahumanas de los lugares donde trabajan.

Sin duda nos gusta ir a la moda, esa sensación e ilusión de utilizar por primera vez una prenda o artículo, pero cuando somos víctimas de la última tendencia de turno, no estamos siendo realistas. ¿Qué pasará cuando el próximo verano la imagen de moda sea otra completamente diferente y que todo mundo vea que no vas a la última, y tú con tus flamencos rosas por todo el cuerpo? Esto es lo que busca la moda rápida: crear una necesidad efímera a la que nos vemos arrastrados hasta que llegue la siguiente moda efímera. Y precios más que bajos para que no te pese la filosofía de “comprar, usar y tirar”.

Una forma más responsable de consumir moda y estar con la tendencia puede ser, tomando el ejemplo de los flamencos rosas, en vez de ceñirnos a la imagen del ave en sí, simplificar con una prenda del mismo tono de color, que, combinado de la manera adecuada, nos pueda durar más de una temporada, transformando así la prenda en un artículo de “fast fashion” en algo más duradero.

Igualmente, cuando vamos de compras podemos tener en mente nuestro armario y ver qué colores, texturas, cortes, etc. encajan más con nuestro estilo, y buscar aquellas prendas que nos aportan algo y complementan nuestro look, no que solo nos pongamos una prenda con flamencos porque cuatro influencers lo llevan, quede bien o mal. Como consumidores tenemos la capacidad de elegir y la responsabilidad de hacerlo de forma menos compulsiva y superficial. Vale la pena intentarlo por conseguir una moda más lógica y coherente con un concepto más slow fashion de la moda donde las prendas se disfrutan por más tiempo, jugando con ellas e inventando nuevas combinaciones.

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